Yo  de chico estaba obsesionado con las películas de terror, Freddy Krueger  y con ir a cementerios a leer las lápidas y cosas así. Una vez hasta me  lleve un ataúd a mi casa. Era un ataúd que me encontré detrás de un  cementerio sin la parte de abajo porque se había podrido con el cuerpo  del muerto. Lo puse en la esquina de mi cuarto y no veas si se notaba la  presencia de un fantasma todas las noches. Al final lo tiré porque era  imposible dormir.

Pues  estaba en esa fase y lo que más me entusiasmaba era aprender a hacer  los efectos de las películas de terror. Todo el rollo ese de construir  cabezas falsas para hacerlas explotar y hacer cicatrices gigantes en la  cara. Un amigo me había dicho que había escuchado de un curso en Málaga  de mascaras de latex y todo.
— Tengo que prepararme bien — me dije.  Si aprendo eso puedo dedicarme a hacer efectos para películas y ser  feliz toda la vida. Pero no quería ir al curso como un novato. Queria  empezar a practicar ya.

Me  fui al kiosco del centro que para mi era era el sitio donde tenían de  todo y encontré un bote con sangre falsa. No era profesional ni nada, en  el paquete salía una foto de Drácula. Tenía pinta de cutre pero me fije  en el color de la sangre y era oscura. Es que yo me fijaba mucho si el  color de la sangre era verdadero o no en las películas. Aunque fuera  barato el bote ese, la sangre era bastante oscura y el tono de color se  veía bastante realista. Podia servir para empezar.

Al  otro dia me lo lleve al colegio. En el tiempo muerto entre dos clases  se lo enseñe a algunos compañeros y claro, empezaron a dar ideas de lo  que harian si fuera suyo el bote. Uno que siempre jugaba al futbolín y  que era muy basto dijo que se pondría la sangre en el cuello y se  tiraría en medio de un paso de cebra así para impactar a todo el mundo y  que parasen los coches. Otro que era orejón y estaba trastornado por  eso me dijo que se iría a su cuarto, se quitaría toda la ropa y se  pondría la sangre por el cuerpo y que luego llamaría a su madre y se  haría el muerto. No veas.

De  pronto llegaron unas niñas gritando: ¡Examen sorpresa!, ¡examen  sorpresa! Era de inglés. En realidad la clase de inglés la vi siempre  como un poco de broma porque de jugar a videojuegos se me daba bien.  Pero un examen siempre estresa.
— ¿Que hago? me dije. ¿Que hago para librarme? Ya esta. A la mierda.
— Voy a hacer como que me corto durante el examen —.
Mis compañeros se sorprendieron. Claro, antes todo el mundo dando ideas  extravagantes pero ahora que lo iba a hacer de verdad les parecía lo  máximo.
Uno de mis compañeros de clase que lo llamaban Kiki me escucho. Si, se que es un nombre ridículo pero lo llamaban asi.
— No eres capaz. A que no eres capaz — dijo.
Quería hacer el truco típico de picarme para que lo hiciera pero eso no funciona conmigo. Ya estaba decidido.

Llegó  la profesora en plan “preparaos porque esto es muy serio” y repartió  las preguntas. Las niñas empezaron a quejarse: que era injusto hacer un  examen así, que debería habernos avisado. Pero no. Había examen y punto.

Yo  estaba sentado en la última fila. Me dieron el papel con las preguntas y  todo el mundo se puso a escribir. Tenía que hacer tiempo, esperar a que  la gente estuviera bien metida en las preguntas y luego sacar la sangre  y hacer mi escena.

Pero  me entraron dudas. Si lo hago y no me sale bien a lo mejor se lia una  que no veas y la profesora se enfurece y llama por teléfono a mis padres  y luego tengo que estar sentado ahí en una oficina con el jefe de  estudios que le huele mal el aliento y escuchar las mierdas que se  invente para educarme. Mejor no lo hago.

Mejor  hago el examen y ya está. Me puse a hacer como que escribía pero  disimulando metí la mano izquierda debajo de la mesa. Tenía el bote de  sangre ahí listo entre los libros. ¿Lo hago o no?

Pasaron como  diez minutos y dije, a la mierda. Saque el bote, lo abrí y me puse un  buen chorro en la muñeca, como si me hubiera cortado las venas. La  sangre tenía un color bastante realista la verdad.
Di un golpe con  la rodilla en la mesa y grite como si me hubiera hecho daño. La  profesora me miro y me fui hacia ella a enseñarle la sangre.

Sujetándome el brazo herido y con cara de dolor le dije.
— ¿Puedo ir al servicio? Por favor…
Se le abrieron los ojos al verme.
— ¡Venga!, ¡venga!, ¡vete!, !vete ya!

Salí  de la clase y no veas que alegría. ¡Funcionó!, ¡funcionó! Caminé por  los pasillos del colegio y no veas qué sensacion de libertad me entró.  Todo el mundo ahí dando clase como tontos y yo aquí libre.

Me  fui al servicio, me quite la sangre pero me guarde un papel  ensangrentado como coartada por si me encontraba a algún profesor.
Salí al patio.
— Que bien se está en el patio cuando no hay nadie — pensé.
Me  fui hasta la puerta principal del colegio, vi coches pasar y gente que  iba y venía haciendo cosas. Así que esto es lo que pasa en el mundo  mientras damos clase.

Pensé  en irme hasta el kiosco a comprarme una caña de chocolate. Pero a lo  mejor la del kiosco me veia super sano sin heridas ni nada y luego  hablaba con los profesores y no se, mejor no arriesgarme.
— ¿Vuelvo ya al examen o no?
Es que si volvía demasiado pronto iba a tener que ponerme a hacerlo.  Tenía que volver justo al final para que fuera imposible que me pusieran  a hacer el examen de nuevo.

Entre  al colegio y camine por los pasillos. Por las ventanillas podía ver a  la gente dando clase. Que tontos los vi. Ahí todos atendiendo, callados y  mansos. Llegué a mi clase y miré por la ventanilla. Algunos estaban  todavía escribiendo.

Llamé a la puerta así flojo, haciéndome el herido y entré.
— Que, ¿te has curado ya la herida? — dijo la profesora con tono  cínico. ¿Por que estaba tan cinica? La miré y no entendía bien pero le  respondí:
— Sí, estoy bien.
Kiki que estaba en primera fila me  miraba con una sonrisota que daba asco. Estaba super contento de algo  que yo no entendía bien todavía.
— A ver, enséñame el brazo — me dijo la profesora. Dude en ir o no.
— Venga, ven aquí y enséñame el brazo.
La clase entera me miraba sonriendo mientras me acercaba a la mesa de  la profesora. Me cogió el brazo y se puso a buscar el corte.
— ¿Dónde está la herida?
Toda la clase se empezó a reír. Kiki que estaba enfrente de la profesora dijo: — Venga hombre, di la verdad.
¿Que verdad ni que verdad? La verdad es que me acabo de cortar.

Sonó  el timbre y la gente se empezó a largar. La profesora recogió los  exámenes y me dijo que ya hablaríamos. Lo dijo así en alto para que la  gente la escuchase. Los demás me venían y me decían cosas como “tío,  siento que te haya salido mal. Habría estado bien pero la cagaste. No  veas ahora la que te va a caer.”

Otro  compañero vino y me contó lo que había pasado. Mientras yo estaba fuera  de la clase curándome, Kiki le había dicho todo a la profesora. Que  había comprado sangre falsa y que se la había enseñado a él y a otros y  que había planeado todo de antemano. No me lo podia creer. Me delato.  ¡Kiki me delato! Regla número uno en cárceles y colegios. No se delata.

Me  crucé con Kiki y le vi que todavía tenía la sensación esa de placer de  ser el preferido de la “profe”. No me dieron ganas de pegarle ni nada.  Me sentí triste de que alguien pudiera ser así.

Pasaron  unos días y al final no paso nada. No tuve que hacer el examen de nuevo  porque era un examen de esos falsos que ponen los profesores cuando no  tienen nada preparado. Y la profesora ni se cabreo ni nada. Me sonreía  cada vez que me veía.

Pero  me marco lo de Kiki. Me marcó porque vi que alguien era capaz de  traicionarte con tal de quedar bien. Esa semana entera estuve super  triste. Me tumbaba en la cama y me venia el recuerdo de entrar a la  clase y ver la imagen de Kiki ahí al lado de la profesora erguido  sacando el culo con su sonrisota.

¿Y  qué es lo peor de esta historia? Que hoy, veinte años más tarde Kiki es  ahora profesor. Si, es profesor en el mismo colegio al que yo fui y la  profesora esta de inglés es ahora su compañera de trabajo. Y comen y  toman café juntos y comentan cómo hay que educar a los niños. Si es que  encaja todo al final.

Lo que estaría bien es que algunos de  sus alumnos fueran a casa de Kiki esta noche. Que se pusieran sangre en  la cara, se llevasen velas y se pusieran a decir: Kiki el delator es  ahora profesor, Kiki el delator es ahora profesor. Asi susurrando.  Estaría bien aterrorizarlo un poco. Por traidor.