En  los ochenta las películas de terror eran lo máximo. “Viernes 13”,  “Pesadilla en Elm Street” y mil más. En mi cuarto tenía fotos de zombis,  de Rambo, Sabrina, un Lamborghini Countach y gente con la cabeza  explotando o con la cara derretida. Me influenciaron tanto esas  películas que llegue a hacerme un guante como el de Freddy Krueger.

No  sé cómo, pero yo y un amigo decidimos que hacer el guante era super  importante en la vida. Pero había que hacerlo bien, de metal y no la  mierda de plástico que te vendían en las revistas. Recopilamos todas las  fotos que teníamos y nos fijamos en los detalles. El guante era marrón,  con cuchillas de quince centímetros como si fueran uñas largas  metálicas. Pero lo interesante era que las cuchillas no eran como una  alargación de la uña como todo el mundo se piensa. Estaban a noventa  grados sobre cada uña. Ese era super importante hacerlo igual.

Pues  con esos datos lo primero que pensamos fue en coger un guante ya hecho y  pegarle unos cuchillos de alguna manera. Mi amigo se fue al armario de  su madre y le robo un guante de esquiar. Era blanco, con unas bandas  azules en diagonal como para hacerte pensar que eres más aerodinámico.  Fuimos a la cocina, cogimos varios cuchillos de cortar el pan y los  intentamos pegar con fixo. Me puse el guante y la verdad que yo no sabía  mucho de diseño en la época, pero sospechaba que no nos estaba quedando  como el de la película. Hacer el guante iba a ser más difícil de lo que  creíamos.

Mi  madre me consiguió la tela, pero había que coser el guante. ¿quién  sabia coser bien? Que no era coser y ya está, era hacerlo igual que la  película. Al nivel de Hollywood. Le pregunte a todo el mundo y mi tía  Estela dijo que me lo hacía. Que eso era fácil para ella. Yo siempre  sospecho de la gente que alardea mucho pero como estaba en el mundo de  la moda y no conocía a nadie más pues fui a su casa. Me midió la mano y a  esperar.

A  los dos días me llama diciendo que ya lo tenía. ¿Tan rápido? Fui  corriendo hasta su casa y en el ascensor recé que por favor estuviera  bien hecho. Me imaginé el problema familiar que se iba a crear si me  había arruinado la tela. El no poder quejarme porque era mi tía, porque  me lo hizo gratis y todo eso. Pero cuando lo vi no me lo podía creer.  ¡Era perfecto! La forma, los hilos que tenía a un lado para apretártela y  que le daban el rollo psicópata. Estaba tan bien hecho que hasta me  puse a compararlo con el de la película y me parecía que el mío era  mejor incluso. Ahora solo quedaba ponerle las cuchillas.
Intentamos  de todo. Martillear placas para amoldarnos al guante, cortar metales con  tijeras hasta que nos sangraron las manos. Fue todo un fracaso. Ya  harto mi amigo dijo que la única manera iba a ser soldando los metales y  pegarlos luego al guante. Tenía razón.

Al  otro día después del colegio me fui para el Polígono Industrial de  Arroyo de la Miel. En realidad eran dos calles de mierda con un par de  naves. Desértico total. Pensé en largarme, pero en una de las naves  escuché como una sierra. Me acerqué y vi a un hombre cortando madera.  Estaba midiendo algo. La verdad que no tenía pinta de artista y para  hacer el guante había que ser artista. Me miro con cara de ¿que coño  quieres niño?. Me largue.
Paso como una semana y ya no sabíamos que  hacer con el guante. Estaba bien, pero sin las cuchillas no tenía  gracia. Me empezó a venir la idea de que a lo mejor no iba a poder  hacerlo. Que al final nos olvidaríamos del guante y en dos años lo vería  en un cajón y me vendría la tristeza. Lo de ser un fracasado, de haber  perdido una oportunidad tan buena y me sentiría atrapado y odiaría todo.  A la gente andando por la calle y a cada persona que viera por ser tan  cateta. Lo de cada semana vamos.
Pero una tarde, mientras jugábamos  al ordenador en casa de mi amigo llego su madre. Vio el guante y no  veas. –¡Pero que bien hecho esta! ¿quién te lo ha hecho? — decía super  asombrada. Le contamos todo y nos dijo que en la empresa de placas  solares donde trabajaba había un hombre que nos lo podía soldar. Joder  ¿y ahora lo dice? ¿Pero que pasaba si lo arruinaba? Es que era super  arriesgado dárselo así a ciegas a cualquiera. ¿Que pasa si el soldador  era un tío super cateto y lo arruinaba? Pero es que era dárselo o dejar  el guante en un cajón de por vida. Le repetimos mil veces que las  cuchillas tenían que ir a noventa grados sobre las uñas y le dimos las  fotos de referencia rezando que por favor lo hiciera bien. Y se lo  llevo.

En  el colegio me pase los días pensando en el guante. Me imaginaba al  hombre soldándolo, algunas veces lo hacía bien y yo lo flipaba. Otras  veces lo hacía mal y venia el guante roto, quemado y arruinado para  siempre. Y otras veces lo estaba haciendo bien, pero alguien le  interrumpía y el guante se perdía y la madre de mi amigo venia  disculpándose y diciendo que lo sentía y que me compraba otro y yo me  cabreaba porque era imposible de comprar en ningún sitio y ella no lo  entendía. Me pase la semana entera así.
Y un día mi amigo me llama.  Tenía el guante. Corrí a su casa rezando que por favor, por favor, que  el guante estuviera bien hecho. Llegué, me lo puse y me mire al espejo.  Era perfecto. Las cuchillas a noventa grados sobre la uña, el metal  derretido, joder, el metal derretido entre las cuchillas quedaba super  bien. Parecía de asesino en serie total. Me moría de alegría. Es que  tenía el guante de Freddy Krueger, pero el guante terminado igual,  igualito que el de la película o mejor. Era perfecto, bueno, era casi  perfecto. Es que las puntas de las cuchillas no pinchaban. El tío que lo  soldó, supongo que por precaución, no había usado un metal afilado. Si  te las clavabas era más bien como darte con la parte de atrás de un  cuchillo. Pero lo resolví fácil. Lo lleve a un afilador de cuchillos y  quedo mega letal.

¡Al  fin! –me dije. ¡Tengo el guante de Freddy Krueger! Y bueno, ahora que  lo tenía no sabía que hacer con él. Estaba en mi casa y fui a mirarme al  espejo del servicio. Pose con el guante de lado, con el guante sobre mi  cara, lo abrí así de golpe como diciendo: ¡estás muerto imbécil!.  Apagué la luz y la encendí rápido imitando los flashes esos que hacen en  la película. Y después de media hora me aburrí. ¿Y ahora que? Tenía que  hacer que más gente lo viera. ¿Me lo llevo al colegio? Que va, seguro  que algún profesor estúpido se piensa que es un peligro y me lo quita.  Me podía disfrazar de Freddy, salir a la calle y yo que se, perseguir a  la gente. Pero no sé, si hacia eso iban a confirmarse los rumores de que  estaba loco. Que siendo normal ya la gente me ve raro imagínate lo que  pensarían si los persigo con un guante con cuchillas de quince  centímetros.

Pues  un día un grupo de amigos quedaron para ir un parque de atracciones. Al  Tivoli que estaba cerca de mi casa. Y yo pensé que sería buena idea  llevarme el guante. Es que dentro del parque estaba el “Pasaje del  Terror” que era como una casa encantada por la que ibas andando y  actores vestidos de zombis, Freddy Krueger, Drácula, Frankenstein o la  niña del Exorcista salían a asustarte. Yo había entrado como quince  veces y me lo sabía de memoria. Mi lógica era que si los del “Pasaje del  Terror” veían el guante y lo bien hecho que estaba que a lo mejor  pasaba algo. Como que iba, veían mi guante y luego me invitaban a una de  sala reuniones donde todos se lo pasaban admirándolo y me preguntaban  que como lo había hecho. Y de lo asombrados que estaban se corría la voz  en su mundo del espectáculo hasta que llegaba a Steven Spielberg que  luego mandaba un mensaje diciendo que era increíble mi guante. Y eso  salía en la portada del periódico como: “Chico hace guante de Freddy  Krueger que asombra a Steven Spielberg”. Y como regalo me dejaban entrar  de por vida al “Pasaje del Terror”. En otras versiones me imaginaba que  veían el guante, se quedaban atónitos, pero yo les decía que eso no era  nada para mí. Que hacer el guante había sido fácil y que yo tenía mil  cosas así de bien hechas. Y me largaba dejándoles ahí humillados en su  mundillo.
Llegamos a la puerta del parque. Yo tenía el guante  escondido debajo de la camiseta, metido en el pantalón e intentaba no  moverme mucho para no clavármelo en el estómago. Mis amigos me dijeron  que estaba loco intentando pasar eso por la seguridad del parque, que el  guante era “arma blanca”, que me lo iban a quitar seguro y mil mierdas  más que dicen los cobardes. Como uno tenía un pase para entrar gratis lo  seguí para intentar colarme con él. Nos fuimos para una puerta especial  con un guardia de seguridad. Mi amigo le enseño un papel y el guarda le  dejo entrar, yo le sonreí al guarda y entre al parque. Super fácil.
Primero  nos fuimos a la montaña rusa. No era grande, pero daba bastante miedo  de lo rota que estaba. Chirriaba todo el rato y si te ponías de pie  podías morir decapitado. No me subí por el guante. Luego nos fuimos a  los coches de choque. Mis amigos se estaban divirtiendo, pero yo me  espere fuera. Es que no tenía ganas de autopuñalarme. Y al fin nos  fuimos para el “Pasaje del Terror”.
Nos pusieron en un grupo solos,  sin gente que nos molestase. El primer actor era un tío super alto, con  una voz grave que impresionaba muchísimo. Eligio a uno de nosotros como  guía y le dijo lo típico de: “Llama tres veces a la puerta”. Yo me sabia  el guion de memoria, pero es que joder, me flipaba porque era como  estar en una película. Me puse al final del grupo porque sabía por  experiencia que los actores se te acercaban más si ibas el ultimo.
La  primera habitación era como un cementerio, con lapidas, niebla y un  zombi que salía de una lápida detrás tuya. Luego la vieja de Psicosis  sentada en la silla. Mis amigos estaban cagados, pero yo me enorgullecía  de no tener casi nada de miedo. Y después la niña del Exorcista con la  que yo tenía una relación especial porque una vez me disfrace del Padre  Karras que la salva en la película. Ya llegábamos a la parte en que  salía Freddy Krueger así que me puse el guante.
Primero vimos la  silueta, con una luz que proyectaba su sombra sobre una tela blanca.  Igual que en la película. La luz dejo de parpadear y salió con su guante  a asustarnos. Corrimos, pero yo sabía que tenía un atajo e iba a salir  de nuevo delante nuestra. Prepare mi guante. Freddy Krueger aprecio  delante mía, sacó su guante para asustarme y yo saque el mío como  diciendo, ¡mi guante que es mejor! Y no sé por qué, pero estampó su mano  contra mis cuchillas de metal. . De lo fuerte que golpeó, me doblo las  cuchillas y todo. Joder pensé, con el trabajo que costó hacer el guante y  la primera vez que lo saco a la calle me lo rompen. ¿Para que hizo eso?

Llegamos  a Drácula. Se movía por una plataforma encima nuestra, pero vi que se  movía raro, como más agitado de lo normal. Al pasar por encima mía me  dio una patada. Me dolió, pero al mismo tiempo me alegré porque no era  el guion que seguían siempre. Llegamos a Frankenstein y mientras se  levantaba escuche de fondo: ¡Han rajado a Paco! ¡Han rajado a Paco!  Frankenstein tenía unas cadenas de metal y empezó a golpearnos con  ellas. — Oye, más cuidado — dijo un amigo. Y nos golpeo mas fuerte  todavía.
Llegamos al tramo final. Cruzar por un puente en una  especie de jungla. Yo sabía que al final iba a estar el tío con la  sierra mecánica de “La matanza de Texas” y luego ya está. La salida.  Cruzamos por el puente y al llegar al final de pronto veo a Drácula. –El  de la navaja–dijo. –Quien es el hijo de puta de la navaja–. Mis amigos  no tardaron en mirarme. Traidores. Los dejaron salir por la puerta y  Drácula se vino hacia mí. –Quítatelo–me grito. Quítatelo rápido. Lo  intenté, pero se tardaba porque me quedaba super apretado. Al fin  conseguí quitarme el guante, Drácula me cogió del brazo y me empujó por  una puerta secreta.
Entramos como a un camerino. Era una habitación  donde los actores donde se maquillaban y vestían. Lo conseguí–pensé.  Después de tanto tiempo adorándoles conseguí ver el otro lado del  “Pasaje del Terror”. Paco, el que hacía de Freddy Krueger, se sujetaba  la mano llena de sangre. Yo estaba en modo super admiración, fascinado  por todo lo que estaba viendo. Drácula le llevo el guante a Paco y yo  pensé, ahora es cuando se van a quedar impresionados. Pero lo dejo ahí  en la mesa y nadie dijo nada. Paco se vino con la mano ensangrentada  hacia mí. –Mira lo que me has hecho–me dijo. ¡Mira! — Me enseño la palma  y vi que tenía un buen corte como de dos centímetros. Puse cara de:  bueno, no es para tanto.
La niña del Exorcista se fumaba un cigarro  sentada con las piernas cruzadas. –Los nacionales–dijo. –Llamemos a los  nacionales y punto–. Paco me miro con odio y frustración. Se fue a  sentarse de nuevo, sudaba muchísimo el tío, parecía que intentaba no  explotar mientras le vendaban la mano. ¿Y mi guante que? ¿No iban a  hablar de lo bien hecho que estaba? Drácula se fue para Paco y le dijo  algo al oído. Era como si estuvieran decidiendo que hacer conmigo.  Pasaron unos segundos y Drácula se vino hasta mí. Me cogió del brazo y  me empujo por una puerta. –Has tenido mucha suerte– Y cerró dando un  portazo.

Al  salir vi a mis amigos que me esperaban sentados. Uno negaba con la  cabeza con sonrisita de: tu otra vez. Siempre tú. Les conté lo que paso y  decidimos irnos del parque antes de que cambiasen de opinión y llamasen  a la policía.
Meses más tarde mi amigo con el que hice el guante  estaba en el Polideportivo. Empezó a hablar con un tío de baloncesto y  de cosas y resulto que era uno de los actores del “Pasaje del Terror”.  El que hacía del de “La matanza de Texas”. Le contó a mi amigo que se  acordaba muy bien de aquel día. Le explico que había dos Freddy Krueger  en el “Pasaje del Terror”. Uno sale primero, te asusta, sales corriendo y  luego te encuentras a otro delante. Para copiar el efecto de la  película claro. Pero lo que pasaba a veces es que guiris borrachos le  quitaban el guante al primer Freddy y cuando el segundo Freddy vio mi  guante se pensó que se lo había robado al primero. Por eso lo del  manotazo para quitármelo. Hablo amistosamente como cuarenta minutos con  mi amigo y le dio consejos para mí. Que no debería haberme llevado el  guante a un sitio público. ¿Y el guante? ¿Que paso con el guante? Lo  tiraron. ¿Y no se sorprendieron de lo bien que estaba hecho? Lo tiraron a  una papelera y ya está. Que decepción. Todo este tiempo pensé que lo  tendrían en una vitrina como algo super valioso o que lo empezaron para  el espectáculo.
Y bueno, en el colegio se corrió el rumor de lo que  había hecho y todo el mundo hablaba de eso como expertos. Que a quien se  lo ocurre hacer un guante así, que estaba claro que me lo iban a  quitar, que era super peligroso. Y algunos niños me decían si aprendí la  lección, que si aprendí que eso no se hacía. Que lección ni que  lección. Lo que aprendí es que yo puedo acuchillar a Freddy Krueger y  ellos no.